¡Felices propósitos para el 2015!

Con la llegada de un nuevo año solemos ponernos metas. Cambios, logros, renovación, todo se agolpa de pronto en nuestras cabezas y creemos tomar firmes decisiones que a veces lo son… y a veces no lo son tanto.

Voy a adelgazar, a dejar de fumar, etcétera

Luego de las bacanales en los festejos de finales de año, probablemente con el estómago muy lleno y hartos de todos los gustos que pudimos darnos es más fácil decir que desde ahora comeremos en forma moderada. Con los días regresa el apetito y los antojos, y nuestro firme propósito se va volviendo flexible, luego leve y posteriormente permisivo.

Otro tanto sucede con el resto de costumbres perjudiciales para la salud. Y es que no es imposible cambiar, pero requiere de una voluntad constante y a prueba de tentaciones. Si lo logramos, podremos sentirnos orgullosos de la firmeza de nuestro carácter y nuestras decisiones.

Aprender cosas nuevas, progresar en la carrera o el trabajo

Es común establecerse metas de superación. En momentos de optimismo nos sentimos capaces de sortear todos los obstáculos y dificultades que puedan aparecer en nuestro camino. Más adelante surgen los desafíos reales, las cosas que nos distraen de nuestro objetivo, y es entonces cuando debemos demostrar realmente de qué madera estamos hechos. La solidez de nuestra voluntad no se pone a prueba en un día célebre, sino más bien en la cotidianidad, en las jornadas triviales.

La posibilidad de vivir éxitos o fracasos nos coge desprevenidos y es necesario mantener invariables aquellas promesas que nos hicimos al comenzar el año. Desgraciadamente solemos traicionarnos con mucha frecuencia y con una alevosía que seguramente no perdonaríamos en los demás.

Voy a ser una excelente persona y a mejorar mi relación con los demás

Estos son los propósitos internos, no exentos de una gran cuota de idealismo. Son positivos, pero tras ese momento de ‘iluminación’ nuestra natural imperfección aflora. No todos los días estamos de buen humor y a veces nos volvemos intolerantes o somos egoístas. Es parte de la naturaleza humana, aunque con esfuerzo se puede vencer en alguna medida.

¿Cuál es el secreto?

Todos conocemos personas que logran lo que se proponen. Quizás no son muy afectos a revelar sus métodos, pero con verlos actuar nos alcanza para tener al menos algunas pistas. Lo primero que debemos hacer es tomar muy en serio nuestros objetivos y visualizarlos en su verdadero contexto, incluyendo las dificultades reales que seguramente surgirán. Hemos de proponernos cumplirlos contra viento y marea y trabajar en ellos de una forma casi obsesiva.

Visualizarnos disfrutando de nuestros logros y éxitos puede ser un gran incentivo para seguir adelante. Imaginarnos al final del año próximo sintiendo la satisfacción de haber alcanzado aquello que nos habíamos propuesto nos dará ánimos para seguir. Ser conscientes de todo lo que perderemos al traicionar nuestros propios deseos nos empujará a seguir adelante.

Y tú… ¿qué propósitos tienes para este nuevo año?

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