Cultiva la semilla de la amistad y se feliz

Si plantas una semilla de amistad la debes de valorar tal y como es sin pretender cambiarla.

Son poco los amigos verdaderos que una persona encuentra a lo largo de su vida…

Así como sembramos una planta, también lo hacemos con la amistad, el amor, en general con cualquier tipo de relación de afectividad.  Siguiendo el mismo ejemplo, cuidamos, conservamos, y nutrimos tanto a la planta como a la persona que queremos de amigo/a.

Una vez hemos sembrado la relación, con alguien afin a nuestra forma de ser y de pensar, el proceso de cultivo no es nada fácil, requiere su tiempo, sus mimos y también mucho respeto.

Una palabra que parece haber desaparecido hoy en día.

El respeto para mi es básico para cultivar la amistad verdadera. Respeto para mi significa, asumir que mi amigo/a pueda tener diferentes puntos de vista, opiniones, gustos, diferentes a mí.

Hay un dicho muy conocido que dice: que quien tiene un amigo tiene un tesoro y todo el mundo que posee un tesoro cuida de él y pone todos los medios a su alcance para que no disminuya, ni se pierda sino, en todo caso, para que aumente.

Sin embargo, hoy en día vivimos con un ritmo de vida muy acelerado por la tecnología, trabajo…y esto está haciendo que decaiga el cultivo de la amistad.

Es una pena ya que creo realmente que encontrar a alguien con el que tengas esa comprensión que se intercambia, esa afinidad tan especial y ese apoyo que se da y se recibe llega a ser de los más gratificante en la vida.

Pero la amistad no surge de la noche a la mañana. Requiere cubrir unas etapas hasta llegar a cuajar en algo verdadero. Y entre esas etapas está, sin lugar a dudas, la del trato frecuente el intercambio de opiniones, emociones y sentimientos.

El tiempo es necesario para cultivar una buena amistad, ya que el tiempo nos permite compartir e intercambio de experiencias. Por eso las mejores amistades se cultivan entre estudiantes de un mismo curso, compañeros de trabajo, vecinos…Personas que coinciden habitualmente y pueden ir profundizando en el trato.

Inicialmente se establece una simpatía mutua. Cada uno encuentra en el otro una serie de cualidades aceptables y ciertas afinidades por las que le resulta agradable el tiempo que pueden pasar juntos. La simpatía mutua predispone a hacer más frecuentes los encuentros para seguir charlando de las cosas más dispares. Se pasa así al momento en que se hacen confidencias, se comunica al otro eso que nunca se ha dicho a nadie porque el sujeto intuye que va a ser comprendido. Se establece una solidaridad. Cada uno sabe que va a tener un apoyo en el otro, que en caso de apuro va a contar con una ayuda no tanto material -que a veces se sabe que es imposible- sino moral.

La lealtad, la sinceridad y el afecto es fundamental en una relación de amistad,  el amigo dice siempre la verdad, que puede ser en ocasiones, amarga, pero que por ir acompañada de amor, es una verdad constructiva y ayuda a encontrar solución al error.

Un buen amigo no es el que da siempre la razón, sino quien entiende las razones que se pueden tener para obrar de una determinada manera pero que es capaz de señalar los errores.

La lealtad exige que se hable bien del amigo cuando él no está presente. Exige que se preste ayuda en todos los momentos necesarios. Que se pueda contar siempre con él.

Dedicación, tiempo y afecto es el coctel perfecto amigos para cultivar una buena relación de amistad.

Pero recuerda que la amistad se demuestra en el día a día.

Nos vemos la próxima semana y no olvidéis cuidar a vuestro mejor amigo/a. ¡Entrena tu energía!

About the author

Judit Serra · Blogger addictissima.com · Inspirando y promoviendo un estilo de vida activo, sano y positivo

Deja un comentario